Al derecho y al revés

Al derecho y al revés

Juan Antonio Palacios Escobar

Cuando todo lo del otro, léase rival, adversario o enemigo es malo, y lo nuestro es bueno, algo no funciona en nosotros y tal vez, estemos a punto , si no lo hemos hecho ya de perder el sentido de la realidad. Comenzamos a decir gilipolleces y nuestras expresiones carecen de razones y están contaminadas de emociones y fobias.


Si además nuestra única obsesión no es ofrecer soluciones sino entrar en confrontaciones para declarar la guerra y destruir al otro, la cosa no solo se torna en conflictiva, se transforma en grave y suele entrar en una vía sin retorno y solución. Como sentarse a negociar con quien no admite la diferencia e intenta armonizar la discrepancia.
Negar lo evidente y afirmar con contundencia lo improbable es plantear el mundo al revés, y querer colocar del derecho aquello que no hay manera por mucho que nos empeñemos. Disfrazar la realidad y mentir sobre los datos objetivos que detectamos no es solo hacernos trampas sino pegarnos un tiro en el pie.

El poder transforma algunos personajes, convirtiéndolos en cosas con corbata subidas a un coche oficial y pegadas a dos móviles, deshumanizándolos, desconectándolos de la vida misma y de las inquietudes de la ciudadanía, y los hace perderse en maravillosos relatos y cuentos como El retablo de las maravillas, La carta los Reyes Magos o Aladino y la lámpara maravillosa.


También en ese desquicie que provoca a algunos sujetos, les hace decir disparates, proponer argumentos absurdos, maniobras sin recorrido que en la mayoría de las ocasiones pretenden distraernos pero no resolvernos nada. Están dominados por las cifras y los resultados sin pensar que detrás de éstos hay personas que gozan y sufren.


Al derecho parecen personas, pero cuando los volvemos del revés vemos todos los circuitos impresos y las placas de paladio, el metal precioso más cotizado de nuestro Planeta. La pregunta, sin perdernos en humos y disquisiciones, es si realmente ya habíamos sustituidos por robots o todavía quedaba en nosotros algo de humanos.


Y esta situación nos vuelve a la eterna disquisición de siempre, que nos hace ir hacia atrás o suponer hacia adelante, ¿De dónde venimos? Y ¿Hacia dónde vamos? ¿Solo somos lo que vemos, sentimos y recordamos, y cuando esto falla dejamos de existir?


Nos pasamos gran parte de nuestras vidas montando y desmontando objetos, palabras, historias, construyendo y destruyendo, ilusionándonos y frustrándonos, pretendiendo ser los primeros aunque no seamos los mejores, pasando de la tenacidad a la pereza, de la pesadez a la ligereza.


La duda nos asalta permanentemente en la batalla interna de parecernos a otros e imitarlos, o ser nosotros mismos , convertir en aventura una situación normal, cotidiana y hasta rutinaria , como si todo el mundo estuviera pendiente de algo diferente , mientras que en aquel espacio , siempre sucedía lo mismo, como en el Día de la Marmota.


Al derecho, todo puede parecer lo que no era, o quizás al revés es lo que no parece, nos perdemos entre tentaciones y aspiraciones, obligaciones y devoluciones, apreciaciones y deseos, fortunas y fatalidades, para encontrar las diferencias y buscar las coincidencias.
Imaginemos por unos momentos, que todo lo que considerábamos al derecho, nos lo sitúan al revés, que nos cambian todos los automatismos que tenemos mecanizados, nos sumiría en la confusión y el error permanente.

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