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La naturaleza amenazada de Almería

Jue, 06/08/2020 - 11:34
Moisés S. Palmero Aranda

La muerte de un majestuoso, y protegido, Pez Luna, a manos de un desalmado justiciero que quiso salvar del inexistente peligro a los bañistas de Roquetas pone de manifiesto algunos aspectos que deberíamos tener muy presentes los almerienses:

Vivimos en una provincia con una biodiversidad que debería ser la envidia del mundo, y que si no lo es, es porque no hemos sabido comunicarlo. Disfrutamos de 23 espacios protegidos, ecosistemas únicos, desde la alta montaña a los fondos marinos de todo nuestro litoral,  desde los humedales costeros hasta el desierto lleno de vida, desde las impresionantes cavidades hasta la claridad de nuestro cielo nocturno. Gracias a ellos el lince que murió atropellado hace unas semanas en la autovía pudo llegar hasta nuestra provincia. Lástima que esa bonita historia terminase de forma tan trágica.

No debería sorprendernos la presencia del pez luna o de los delfines nadando en nuestras costas, de los flamencos volviendo cada año a humedales como Punta Entinas Sabinar rodeados de invernaderos y asfalto, o ver al gato montés recorriendo nuestras sierras. Es habitual ver una gran variedad de especies faunísticas que viven en los bosques de lentiscos, azufaifos, sabinas y artos de nuestro litoral, o nadan entre las praderas de posidonia oceánica,  o se refugian entre los pinares y encinares de nuestra variada y rica orografía, o conviven con nosotros en nuestros pueblos y ciudades.

Es cierto que son muchas las etiquetas malintencionadas que nos ponen fuera de nuestras fronteras, pero es incomprensible que los almerienses no conozcan y presuman de su naturaleza y de todos los servicios ecosistemicos que nos ofrece. Las aguas cristalinas del Cabo de Gata, los preciosos azules de nuestros cielos, la variada gastronomía que saboreamos, son consecuencia de la conservación de nuestra biodiversidad. Tenemos que aprender a valorar lo que tenemos a nuestro alrededor, aprender a mirarlo con orgullo, con satisfacción, y sobre todo, a sentirnos parte de una naturaleza que nos ha dado todo lo que disfrutamos, que nos ha convertido en lo que somos, desde nuestra economía hasta los ratos de ocio.

Es necesario mucha más educación ambiental, no solo para que energúmenos como el heroico hamaquero sepa la barbaridad , y el delito, de la que fue protagonista, sino para que todos los bañistas que lo miraban pudiesen haberlo evitado, para que nuestras administraciones hagan cumplir las leyes existentes, para ser conscientes de la suerte que tenemos de vivir en una provincia como la nuestra y, sobre todo, para saber que la responsabilidad de conservar lo que tenemos es un trabajo colectivo y no basta con colgar unas fotos en las redes sociales y echar balones fuera, o culpar a otros por no haber hecho su trabajo.

Esa responsabilidad, ese conocimiento, debe convertirnos en ciudadanos críticos, vigilantes, participativos, capaces de denunciar, de exigir a nuestras autoridades, de colaborar con ellas, para que esa biodiversidad no se vaya perdiendo. Nuestra presión, determinación y compromiso, es clave, fundamental, para que se discutan y se miren con lupa, antes de meter las maquinas y provocar una daño irrecuperable, proyectos como el de urbanizar el Salar de los Canos, o de reconvertir una chiquera en un hotelito con encanto en la Bahía de Genoveses, o descatalogar el Lugar de Interés Comunitario Artos de El Ejido.

Debemos dar ejemplo a nuestros hijos, alumnos, jóvenes, para que no crezcan como nosotros pensando que no tenemos nada a nuestro alrededor, para que no sueñen con los leones, los oso polares, o los elefantes que difícilmente verán en libertad sino que sepan dónde ir, a una hora de su casa, para observar la fauna salvaje, para pasear entre una vegetación exclusiva, y milenaria en algunos casos, o para admirar la belleza de los ecosistemas de nuestra provincia.

Son muchas las presiones que amenazan nuestro medio ambiente, pero las más peligrosas de todas son la falta de conocimiento, de sensibilización, de educación de la ciudadanía, y por desgracia la impunidad con la que se destruye lo que es de todos. Espero que todos aquellos que se excusan en las leyes para no negar permisos urbanísticos en espacios protegidos las utilicen ahora para castigar una actuación que debería avergonzarnos a todos. Mientras solo hagan cumplir las leyes que les interesan la naturaleza de Almería, y del resto del mundo, estará amenazada.

Moisés S. Palmero Aranda. Educador ambiental y escritor

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