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La regla de tres en las banderas

Mar, 19/05/2020 - 13:39
Javier Salvador, teleprensa.com

 

Nunca se había generado tanto rechazo a la bandera española como el que se está produciendo por el uso que desde la extrema derecha se hace de la enseña constitucional, pero por otro lado está alumbrando algo bueno y que no sospechaba que pudiese darse precisamente por una acción de los máximos detractores de las divisas regionales, que es precisamente la normalización del uso de las banderas, la aceptación general por parte de la mayoría silenciosa de estos símbolos como algo inherente al nuevo clima político.

Hasta no hace mucho si veías a una persona con una bandera de Euskadi colgada del cuello, en un balcón o sencillamente en una manifestación, automáticamente suscitaba la opinión generalizada (fuera de ese territorio) de que ahí vivía por lo menos un terrorista o como mínimo una persona que apoyaba a la banda, cuando sencillamente mostraba orgulloso su ikurriña.

Si veíamos a un millón de personas con banderas catalanas y esteladas en una Diada, directamente se pensaba que era una reunión de ultracatalanes, antiespañoles y demonios a los que sólo les faltaba un tridente y rabo rojo para ser idénticos al mismísimo diablo.

Ahora, con el uso que la ultradecha hace de la española, ha provocado que sencillamente veamos a sus portadores como defensores de los postulados del antiguo régimen dictatorial, extremistas políticos que antes no eran identificables y que en estos momentos puedes saber hasta donde viven porque sencillamente las cuelgan sus balcones. Es sencillamente, una regla de tres social, que devuelve lo sembrado durante años.

Y lo mejor de todo, y a lo que iba, es que la mayoría silenciosa ha aceptado el uso de todas, hasta de las que antes eran señaladas como elementos nocivos para la sociedad, como símbolos absolutamente normales. Y es bueno, muy bueno, que saquemos las enseñas de esos estándares preconcebidos, porque así les damos la importancia que tienen, y no es más que esa que cada uno quiera darle y sin posibilidad alguna de generalizar.

Una cuestión importante es que veremos pocas banderas españolas colgadas estos días en barrios obreros, en zonas humildes, pero precisamente abundan en las áreas acomodadas de las ciudades, en los lugares de residencia de las clases medias altas, y ello políticamente viene muy mal a la derecha, porque sencillamente son muchos más lo que están en el estrato económico inferior.

Son cientos de miles más lo que serán despedidos o no rescatados de un ERTE, y señalarán precisamente a esos que lucen las banderas con crespones negros, como antes se señaló a los que llevan al cuello las ikurriñas, como a aquellos que utilizaban las esteladas hasta en tejido de toalla.

Es la perversa regla de tres en una guerra de banderas. Incómoda a la hora de aceptarla, pero sencilla para quienes quieran entenderla.

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