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No estoy loca

Mié, 22/11/2017 - 07:53
Loly Cruz, periodista

No estoy loca, no. Lo veo. Lo siento. Lo noto en el ambiente. No estoy loca. Mis calles, plazas, parques y corrillos están plagados.

La plaga del machismo no es un virus de ahora. Ni mucho menos. Tampoco es una enfermedad, ni un pensamiento y ni si quiera una forma de ser. 

No estoy loca, ni soy un bicho raro al pensar y asegurar que mi vecino de 16 años será un futuro maltratador. No estoy loca, ni chalada tampoco.

A mi vecino de 16 años le han educado en la desigualdad, con valores de antaño. Le han enseñado desde la ignorancia y a la vez desde la cordura que las mujeres somos más débiles, más madres, más tolerantes, más sumisas y menos válidas para liderar. Le han mostrado como el varón es el que lidera las masas féminas, es evidente, pues su padre es el verdadero líder de su casa. A mi vecino le han destapado de la cuna de la sabiduría mostrándole y dejándole claro que si una mujer va enseñando más de lo debido, es una puta.

A mi vecino de 16 años le han hecho polvo, pobre mío... le han destrozado lo que podría haber sido. Un hombre respetuoso, comprensivo con la ciudadanía, fuerte o débil, dependiendo del momento. Querido por la sociedad y querido por él mismo porque este vecino mío de 16 años será un futuro maltratador, que sí, que no lo dudo.

Pero no estoy loca cuando digo que con este vecino mío todavía se puede hacer algo, aunque claro, es cierto que es más difícil reparar a adultos rotos, pero estamos a tiempo. 

Vengo y descubro la segunda América, cuando digo que este vecino mío de 16 años está yendo al Instituto, cuyo nombre no me acuerdo. También va a los cursos y charlas, eso sí, solo a las obligatorias y a las opcionales siempre que pueda perderse unas horillas de teoría, a mi vecino el estudio no le agrada demasiado, o eso tengo entendido yo. Va de vez en cuando a los talleres extraescolares donde, si todo va según lo previsto, en un futuro próximo la perspectiva de género estará inmersa y camuflada y de premio, un goloso título, digo goloso porque conociendo a mi vecino irá con orgullo a su casa con ese diploma de asistencia debajo del brazo, donde su grandísimo padre y su buena madre, seguro que con suerte, le darán una gratificación en su paga, claro, trae un diploma, digno de reconocer.

No estoy loca cuando decía que lo veo y lo siento en las calles, en la plaza de mi pueblo, en el parque grande y también en el pequeño y si nos ponemos tontos, también en mi casa.

Es normal que el chico controle a su pareja o a esa muchachilla mona por si alguno se le acerca. Es algo muy normal que mi vecino de 16 años controle el móvil de su pareja. Y ya que decir de esa primera vez o de sus relaciones más íntimas... es el chico quién tiene que poner los puntos sobre las íes.

Estoy demasiado cuerda cuando digo que realmente me preocupa mi vecino y estoy hablando demasiado en serio cuando digo que me preocupan esos micro-macromachismos que invaden a la juventud. Formas de violencia de género normalizadas y tan interiorizadas que apenas se delatan ante los ojos que no quieren ver. 

Pero tampoco estoy loca cuando digo, que después de lo dicho, no cunda el pánico. Aún podemos hacer algo y aún podemos evitar que tu hija sea víctima de tal desdicha. Vengo, y descubro por tercera vez América cuando digo que el cambio está en la Formación en Igualdad. 

Sí, formación para los jóvenes que ya tienen aprendida la lección de cómo es una chica decende y formación para los que están en proceso de “formación mental” dentro de un cubo social machista.

Formación para profesionales de la enseñanza, sí, para aquellos y aquellas que enseñan a las niñas a jugar a la rayuela y a los niños a liderar un equipo de fútbol.

Formación para los Juzgados y Tribunales que se oye por ahí que tienen interiorizado cómo debe comportarse una violada para que se considere víctima de violación de los pies a la cabeza. O para aquellos y aquellas que no ven a los hijos e hijas cómo víctimas, total, a ellos no les pegan. 

Formación para los mayores. Aquellos que en los años de vida que les queden les van a enseñar a sus nietas a comportarse como una mujer como dios manda. Y para las Asociaciones de Padres y Madres para que despierten sus sentidos y sean conscientes del daño desconsolado que le están haciendo a sus pobres hijos e hijas incubándolos en el machismo.

Formación para los agentes de seguridad, aquellos que cuando acuden a la ayuda de una mujer se lamentan del lloro desconsolado del maltratador y mejor aún, cuando piensan, como decía mi amigo Lorente, que su marido le pega lo normal y claro, el riesgo de la víctima es bajo y si se pone la cosa chunga, acreditan un medio, ya nos podemos dar con un canto en los dientes.

Formación para el poder ejecutivo. Políticos sensibilizados harán de las leyes un abanico donde poder abrazarse para solventar esta lacra social. No, señores y señoras, no podemos estar pidiendo un Pacto de Estado como el que pide desconsolado una golosina, es vuestra responsabilidad.

Y a esos empresarios, decidle que una mujer que hace el mismo trabajo que un hombre no puede cobrar menos y tampoco te interesa, gerente, si quiere quedarse embarazada, si tiene pareja o la deja de tener, esto no influirá en que te haga llenarte los bolsillos igual, ignorante empresario. Asique formación para ti también. 

Descubro por cuarta vez América terminando mi discurso con el truco del almendruco para acabar con esta lacra social: Formación, sensibilización e implicación. Mi vecino de 16 años nos lo agradecerá.

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