Para una Almería verde y con historia

Mié, 12/02/2020 - 16:35
Colectivo María Zambrano Alarcón

Últimamente me llega un insistente pensamiento a propósito de la nefasta política municipal sobre las plazas y espacios verdes de la ciudad, parece que sigue la consigna “Cuanto peor, mejor”.  Ejemplo paradigmático de este política es el proyecto de remodelación de una de las plazas  más emblemáticas de la ciudad de Almería, hablamos de la plaza Vieja, la plaza del ayuntamiento.

 Cuando llegamos a ella, en el centro vemos una columna de mármol, con una leyenda. Un monumento levantado por suscripción popular en honor de los mártires de la libertad. Se erigió en 1870 para recordar a los soldados liberales que defendieron con su vida  la  Constitución de Cádiz ( la Pepa); la primera constitución democrática de hace dos siglos. Fue destruido en 1943 por la dictadura franquista y, con la llegada de la democracia en 1988, se  vuelto a rehacer en la plaza de la Constitución (plaza Vieja).

 Tratándose de un monolito que nos recuerda la lucha por la libertad en nuestra ciudad de Almería, no podría estar en mejor lugar.

Pues ahora, después de estos avatares históricos dignos de recordar,   a los señores y señoras concejalas, además del alcalde, no le parece bien su ubicación. Nos gustaría entender el porqué no la quieran cerca. Bien que no sea un dechado de belleza, ¿será por eso que le llaman el Pingurucho?, es, sin embargo, nuestra historia reciente en el camino de la libertad y la democracia. Todo tiempo es bueno para poner en lugar preeminente un monumento que nos recuerde lo difícil que ha sido en nuestra historia española tener una Constitución. Hemos dejado de ser súbditos sometidos a poderes dictatoriales, -recordemos los cuarenta años de dictadura franquista-,   y, por fin, hemos logrado la categoría de ciudadanía. Creemos que aducimos razones suficientes para conservar en el mismo lugar lo que ya es patrimonio de la ciudad. Por otro lado sabemos que, por sus dificultades técnicas,  su traslado y nueva ubicación es una obra difícil y nos va a costar a todos los almerienses, hombres y mujeres, un pastón. 

Frente a lo dicho, queremos saber qué nos responden para sacarlo de su lugar propio, porque lo de una plaza DIÁFANA nos parece una broma cara y calurosa. Y les diremos el porqué.

Vayamos a otro elemento que quieren eliminar de nuestra plaza Vieja y que clama al cielo. Claman al cielo las verdes copas de los viejos ficus que bordean todo el perímetro de la plaza. 

Recuerdo un día de primavera que iba un tanto cansada e inquieta camino de la Alcazaba, otro espacio de descanso por la belleza y la frescura del lugar. 

Al atravesar la plaza decidí sentarme en uno de sus bancos de madera bajo la sombra de uno de los árboles. Veía con los ojos entreabiertos la comunidad de árboles, sus perennes hojas verde oliva, que transparentaban a la luz del comienzo de la tarde. Gorriones y mirlos trinaban sin ser vistos en aquella espesura vegetal. Presté atención, y me sentí como si acabara de llegar a una plaza mágica habitada por los ficus y las aves. Con el zureo de alguna tórtola y la calma del lugar me vino el sueño. Sin pensarlo doblé la chaqueta haciendo de almohada, y me eché estirada en el banco de madera como si fuera un diván. Atisbé que no había ninguna persona cerca. Atravesaban la plaza con prisa algunos transeúntes. Aunque pensé que alguien me pudiera llamar la atención, la armonía de esta plaza y mi cansancio pudieron más ¡Qué experiencia única! Ficus de infinitas hojas verdes que reverberaban con la luz y me hacían llegar un suave airecillo. Al tiempo, me llegaban los canturreos de nuestros pajarillos ciudadanos. El paraíso fue, aquel día para mí, esta plaza. Este feliz sucedido, sentada o recostada en un banco de la plaza, está al alcance de cualquier almeriense o visitante.

 Son veintiún ficus y cinco gigantes palmeras que  llegaron a la plaza  antes que sus señorías, pero no pueden protestar y menos votar. Sólo saben dar sombra y estirar sus ramas hacia el cielo. Sólo saben dejarse conmover por el aire y oxigenar el lugar. Viven y cantan entre sus ramas los pajarillos. Al ser de hoja perenne, dejan caer pocas hojas, con lo que dan poco trabajo. Pero a los/as regidores no les van esos árboles,  seres vivos que podrían perturbar, con su frescor y sus habitantes cantarines, a los visitantes de nuestra plaza vieja. 

Las gentes de Almería amamos esta ciudad con árboles de verdad,  nos repugna la imitación. No queremos más cemento, macetones de plantas,  o arbolillos enanos. No los queremos porque no dan sombra y que nos recuerdan a una decoración fúnebre.

Apoyamos los arreglos que precise la plaza en la reposición del suelo y aumento del mobiliario. Queremos una plaza viva de árboles y habitable para la ciudadanía. Una plaza saludable para quien quiera pasar un rato de ocio o descansar  un ratillo de su apresurarse por las calles de la ciudad.

No queremos toldillos para huir asfixiadas o asfixiados del lugar. Queremos la frescura vegetal, que ya vive en la plaza desde mucho tiempo atrás. 

Queremos el Pingurucho, que aunque no sea una obra de arte, lleva tiempo conmemorando nuestra humanidad andaluza, que persiguió los caminos de la libertad.

Señoras y señores concejales, piénselo de nuevo. Dejen fluir un debate público sobre la idoneidad  de los cambios anunciados. A ustedes les corresponde poner en práctica la participación de la sociedad, consulten a la ciudadanía. Queremos vivir y no sólo habitar esta ciudad. 

No queremos una plaza diáfana. 

Señoras, señores concejales y alcalde, no nos hagan este mal, porque también, como los ficus,  las palmeras y Pingurucho, pertenecemos a la ciudad.

Queremos aclarar, que nuestro colectivo tiene creencias e intereses a nivel personal. Como ciudadanía concordamos nuestra postura grupal, que es independientemente de partido alguno. Creemos que demandar la conservación, en la Plaza Vieja, de nuestro patrimonio histórico y vegetal está por encima de intereses partidistas de derechas o izquierdas

 

Colectivo María Zambrano Alarcón

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